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| 01/07/2009 | NACIONAL
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El Número es Razón
Por Luis Ammann |
La democracia contradice a Aristóteles, quien afirmó que “el número no es razón”. No será razón pero decide. Lo que se cuenta en las urnas son votos que se suman hasta un número final que comparado con otros, establece un ganador. Aristóteles se refería al número en cuanto elaboración intelectual arbitraria y el voto también lo es.
Transcurridas las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009 en Argentina hay -Perogrullo corazón- “una situación nueva”. A esa conclusión arribaron los analistas que vemos y escuchamos por la televisión. Obvio, pero esa situación ¿es beneficiosa o perjudicial para el país? |
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La democracia contradice a Aristóteles, quien afirmó que “el número no es razón”. No será razón pero decide. Lo que se cuenta en las urnas son votos que se suman hasta un número final que comparado con otros, establece un ganador. Aristóteles se refería al número en cuanto elaboración intelectual arbitraria y el voto también lo es.
Transcurridas las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009 en Argentina hay -Perogrullo corazón- “una situación nueva”. A esa conclusión arribaron los analistas que vemos y escuchamos por la televisión. Obvio, pero esa situación ¿es beneficiosa o perjudicial para el país?

La pérdida de la mayoría legislativa del gobierno -que no siempre apoyó sus proyectos- no crea la necesidad de acuerdos con otras fuerzas porque ya se daba esta situación, pero la agudiza. La transforma en un modo de operar constante cuando antes era esporádica. Los neoliberales se llenan la boca con la palabra “negociación” referida a los acuerdos o consensos que serán necesarios para aprobar leyes. Negociación implica siempre “beneficios”, “dinero”, algún tipo de “compensación”; es la lógica del “te doy, me das”. Una porquería que hizo que una vez un ministro del presidente De la Rua dijera públicamente que para aprobar una ley él tenía “la banelco” (una tarjeta de crédito de segunda categoría), haciendo evidente que se pagaba por el negocio.
Es indudable que este gobierno nacional es otro y que no piensa en “negociar” sino en buscar acuerdos, en razonar junto a otras fuerzas políticas los temas en discusión, aceptando modificaciones. Ya lo hizo con la resolución 125 cuando fue convertida en ley y no cabe esperar otro comportamiento. Pero no habrá que fiarse de los opositores.
Vivimos en una época donde no hay lugar para los liderazgos basados en la fuerza -ni siquiera en la fuerza de los votos- y, mucho menos para hipotéticos designios de la Providencia (si no lo creen, miren a Carrió). Si queda algún espacio para una referencia fuerte es para un liderazgo moral basado en conductas. Tampoco hay espacio para encerrarse en un partido. Si eso sucede -avisa la física cuántica- se es víctima de la entropía: las facciones internas cobran relevancia y acaban por destruir al sistema cerrado. Llevado a la política, la lucha de líneas internas busca serruchar la rama del poder y no advierten que es la misma donde también ellos están sentados.
Hay que abrir el sistema entonces. En este caso a la participación de nuevos jugadores, al tiempo que se recobra la comunicación con las bases de la sociedad por las que se trabaja pero que no están ni enteradas.
El discurso de la Presidenta de la Argentina al día siguiente de las elecciones, una vez producidos resultados fiables, fue ejemplar. Con categoría de estadista -manifestada en foros internacionales- explicó que la nueva composición del Congreso “llevará a buscar consensos para garantizar la gobernabilidad”. No es una mala situación, a priori.
Por cierto destacó lo que se le pasó por alto a todos los “medios de comunicación”: el oficialismo “ganó en la sumatoria de votos en todo el país”, aunque perdió bancas de diputados y senadores. Sin restar importancia a la derrota en la provincia de Buenos Aires, el distrito más grande del país, mostró que sus cifras están en el 31 por ciento, en segundo lugar la suma de “la Coalición Cívica, más la UCR, más el cobismo, más el juecismo, más el socialismo”, más el cubismo, con el 29 %; en la tercera ubicación la derecha recalcitrante del PRO y cuarto, el peronismo disidente. Más allá, la inundación.
No cabe mucho más en materia de análisis global en trazos gruesos de una elección legislativa. Sobre temas más finos iremos opinando. Para cerrar, insistimos con el tema central. Referida a la nueva situación parlamentaria, creemos que no es mala: la frase clave de la presidente -que compartimos- fue: “va a exigir de parte de todos ejercicios de consenso para lograr la gobernabilidad”. Ojalá los políticos, de profesión opositores, se pongan a la altura de una hora histórica
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